Un día te sientes viejo y, la verdad, no es tanto el que lo seas como la inquietante certeza de que cada día que pasa te ves más lejos de esa persona que te gustaría haber llegado a ser. La encarnizada lucha que has mantenido con tu ego, sí, ese jodido bastardo que trata de perseverar e imponerse por encima de tus deseos y que desprecia todo cuanto tú consideras importante. Y un buen día al salir del trabajo decides, tal vez la decisión no sea realmente tuya, que no vas a volver a casa temprano junto a esa mujer a la que ya no conoces y ese perro que hace tiempo no corre a la puerta para recibirte y esos dos mocosos que aparentemente sólo saben pedir y exigir cuanto les viene en gana.
Así que al salir de la oficina te acercas a ese barrio donde vivías antaño, quizás hace demasiado, y te dejas caer por el bar donde tú y tus amigos acostumbrabais a reuniros pero ya no queda nada de aquello. Ellos ya no están y el Barrio es un mero espejismo, cubierto de mierda y hollín y bolsas de basura destripadas por aquellos que buscan consuelo en las calles, y te sientas en un taburete junto a la barra y un tipo al que las dos fulanas del fondo llaman Gus te sirve un doble de whiskey con hielo y desoyes las llamadas al móvil, es esa desconocida con la que duermes, y después de varios double-shots ya te sientes parte de algo.
Del conjunto de todos estos perdedores que te rodean.
Y luego está esa otra chica, la que te observa en silencio desde hace un buen rato porque no eres un borracho más que ronda la jubilación con la nariz bulbosa y la cartera vacía, no, eres un soplo de aire fresco en este lugar y ella lo sabe. Los clientes lo saben. Joder, Gus también lo sabe. Y ella se te acerca para hablar y aunque estás un poco desentrenado te sorprendes al descubrirte charlando con gran naturalidad y de un modo jodidamente ocurrente. Acabáis los dos en su piso, justo frente al bar, y ella conecta el equipo de música y suenan los Portis Head y se pone una careta de perra dálmata quizás un poco tenebrosa, pero eso te pone, y sólo lleva puestas unas medias de lana cuando se arrodilla sobre el sofá suplicándote que te acerques.
Eso también te pone.
Y das un paso adelante alejando de tu mente la imagen de tu familia y sólo por un instante, ínfimo y etéreo y pulsante como el deseo que arde bajo tus pantalones, comprendes que no eres tú sino tu ego el que está dominando la situación. El que ha vencido esta noche. Y el que se va a follar realmente a esa preciosidad que hay ante ti.
Así que al salir de la oficina te acercas a ese barrio donde vivías antaño, quizás hace demasiado, y te dejas caer por el bar donde tú y tus amigos acostumbrabais a reuniros pero ya no queda nada de aquello. Ellos ya no están y el Barrio es un mero espejismo, cubierto de mierda y hollín y bolsas de basura destripadas por aquellos que buscan consuelo en las calles, y te sientas en un taburete junto a la barra y un tipo al que las dos fulanas del fondo llaman Gus te sirve un doble de whiskey con hielo y desoyes las llamadas al móvil, es esa desconocida con la que duermes, y después de varios double-shots ya te sientes parte de algo.
Del conjunto de todos estos perdedores que te rodean.
Y luego está esa otra chica, la que te observa en silencio desde hace un buen rato porque no eres un borracho más que ronda la jubilación con la nariz bulbosa y la cartera vacía, no, eres un soplo de aire fresco en este lugar y ella lo sabe. Los clientes lo saben. Joder, Gus también lo sabe. Y ella se te acerca para hablar y aunque estás un poco desentrenado te sorprendes al descubrirte charlando con gran naturalidad y de un modo jodidamente ocurrente. Acabáis los dos en su piso, justo frente al bar, y ella conecta el equipo de música y suenan los Portis Head y se pone una careta de perra dálmata quizás un poco tenebrosa, pero eso te pone, y sólo lleva puestas unas medias de lana cuando se arrodilla sobre el sofá suplicándote que te acerques.Eso también te pone.
Y das un paso adelante alejando de tu mente la imagen de tu familia y sólo por un instante, ínfimo y etéreo y pulsante como el deseo que arde bajo tus pantalones, comprendes que no eres tú sino tu ego el que está dominando la situación. El que ha vencido esta noche. Y el que se va a follar realmente a esa preciosidad que hay ante ti.
14 gruñido(s):
Una historia que bien podría ser real, o no, o incluso alguien que la lea podría llegar a demandarme.
Quién sabe...
... espero que la hayáis disfrutado.
Y tan real querido mío...podría documentar tu post si me apuras : )
Vidas cotidianas, no más.
Y muy cercanas además..en fin...
Un beso grande desde nuestro cielo nublado;-D
Es muy bueno, me he quedado pegada a la pantalla y clavada en la silla.
Estupendo Borja
Pero además por ambas partes,querido, por ella y por él...
Besicos
Muy bueno, tío...La verdad es que la vida al final te lleva por caminos raros y es jodido, porque a veces no acabas de entender en lo que te acabas convirtiendo...
Lo que comentas de la familia, es una de las cosas que más miedo me da, estar por estar con alguien, no me gusta esa idea, nada...
Una única cuestión, yo veo más a los Portishead como música para después de...Será cuestión de gustos
Abrazotes
Jejeje
Si hay demanda por medio... me voy a callar. Total... ya disfruté leyendote!
;)
Sí que es real, sí, aunque yo no termino de tener clara la diferencia entre ese «ego» y nosotros mismos.
Hay que ver lo común que es el whisky doble con hielo en estas situaciones.
Y es que el tiempo acaba por joderlo todo...hasta el punto de que una mañana no tienes ni puta idea de quien es el pavo ese que te mira con resignación al otro lado del espejo. Decía el poeta (eléctrico): "El tiempo ha recubierto de oxido las medallas, un viento amargo ha desecho las coronas de laurel..."
...hay que saber huir cuando sea necesario.
Salud!!
Mientras leía la historia pensaba en lo buenas que eran las tres primeras lineas, la primera frase... pero la última es el perfecto colofón. Me ha gustado.
Besitos varios.
Los egos tienen a tener este efecto. Pero a final de cuentas las decisiones salen de nuestros labios.
Un verdadero placer leerte,
Besos por acá,
Borja:
Como la vida misma...
¡Bello texto!
Muy bueno, Borja.
¿Cuántas caretas hay que colocarse para evitar encontrarnos con nuestro ego?
Ese ego autoritario, déspota y maniqueo que juega partidas de ajedrez con nuestra voluntad, derrotándonos en el primer movimiento.
No creo que te alejes tanto de lo que quieres ser y eres, ante todo, un buen escritor.
Besos.
ay diosssssss cómo me ha gustado este post y la foto ya...ni te digo. Pues según lo que dice tu abuela, casi prefiero q signifique q necesito un consolador a enfermedad y de esto q no se entere nadie jajajaajjajaajaja
Si hay demanda por lo del Dálmata avisa... que significa que tiene que ver con la realidad y que tú tienes dos cojones :)
Bromas aparte...
Como siempre, tienes una habilidad sorprendente para engancharnos.
Abrazos.
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